22 de marzo de 2022

Mi hija


Amo a mi hija, no como un padre querría a la suya sino como una abyecta bestia negra. No, nunca la he tocado. Es más, jamás me acerco a ella demasiado, ni siquiera cuando insiste en que juguemos con sus muñecos o en que salgamos de casa para montar en bici o para balancearse en un columpio. Se pone triste pero su cercanía aumenta mi deseo. No puedo hacerle daño, un daño que sería irreparable, que la traumatizaría para siempre y que destruiría su vida sexual. A menudo me miro al espejo y le escupo a mi propia imagen. “Soy un cerdo”, me digo, “¿Por qué me ocurre esto?” Cuando mi deseo aumenta tanto que casi no puedo contenerme eyaculo en la taza del váter o me voy de casa. Entonces cojo el coche y aprieto el acelerador. Quiero morirme pero el instinto de supervivencia me detiene cuando estoy a punto de tirarme por un barranco o de chocarme contra un muro. Creo que mi mujer lo sabe. Me mira a los ojos con asco y con toda la repugnancia que se le puede tener a un padre así. Cada vez me voy alejando más y más de mi pequeña. Ni siquiera cuando interpretan una obra de teatro en el colegio o dan un pequeño concierto con flauta y guitarra voy a verla. Hoy han organizado una Olimpiada cultural en la escuela y como siempre me he quedado en casa. Al llegar a casa ha arrojado la cartera encima del sofá y me ha preguntado: “¿Qué clase de padre eres tú?” Me he puesto en pie y le he respondido tartamudeando y con el aliento entrecortado: “El peor que podrías tener”. Luego he huido como un fugitivo. Me he subido al primer tren sin importarme adónde me llevaría. Cuando he entrado en el primer vagón que estaba vacío he llorado nuevamente, como cuando me encerraba en un cuarto oscuro para que nadie me viese llorar. Mis lágrimas estaban llenas de amargura pero también de rabia dirigida a mí mismo. ¡Cuánto me odio! Mi “alma” está podrida y mi corazón envenenado. Después me he consolado como he podido. No le faltará de nada, me encargaré de su manutención, será feliz sin mí, no tendrá como padre a un maníaco que abuse de ella, quizá mi mujer encuentre a alguien que ocupe mi lugar, no sé, en cualquier caso no podrá echar de menos a una persona que nunca estuvo a su lado aunque tuviera que hacerlo para protegerla de ella.
De lejos he seguido su trayectoria. Tras una breve y meteórica carrera ha conseguido convertirse en vocalista de un grupo musical que está entre los primeros de la lista. Dicen que su voz es como la de Amy Winehouse, la voz de una mujer negra ya madura. Además su música no es una música fácil, popera y con letras comerciales. Su música es música de jazz, de blues o de soul. Ella escribe las canciones (son casi poemas). Quería verla. Quería oírla cantar. Quería asistir a un espectáculo único para mí. He ido al concierto pero me he tenido que marchar. Mi hija me había dedicado una canción. Era triste pero muy hermosa. No había ni rastro de odio en ella. Me echaba de menos, me quería a pesar de todo, sabía por qué la había abandonado y consideraba que había tomado una decisión que nos separaría para siempre pero que, sin embargo, era una verdadera y auténtica muestra de amor.

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