¡Cuidado hermanos que llegan filósofos del budismo que defienden la espiritualidad del Dios terrible de las Santas Escrituras! ¡Cuidado hermanos que llegan más de cincuenta escuelas psicológicas que dicen llamarse científicas y que, entre engaño y engaño, arruinan bolsillos y alucinan junto a sus otras hermanas, las mágicas, las esotéricas, las que cultivan orines calientes como si fueran cultivos y utilizan florecillas que se esnifan por la nariz como gotas de rocío y pétalos de jazmín que te devuelven la consciencia aunque andes borracha de locura o de sueño! ¡Cuidado hermanos que todos los físicos quieren ser astrólogos porque se cansan de estudiar fórmulas matemáticas y hundir sus pupilas bajo el microscopio de la nada que al fin y al cabo fue lo que nos enseñó la filosofía de la nada y del “quédate sin nada”! ¡Ellos también con cuatro barajas y dos cartas astrales quieren descifrar nuestro pasado y jugar a que los planetas nos influyen desde su lejana postura indiferente porque quieren vestir de lino fino! ¡Cuidado hermanos que los burros hacen negocio con las artes y que hasta el más agudo jinete quiere montar en borrico, pollo o mula, con tal de que su nombre se estampe en una portada o en un lienzo! Yo que me he vaciado de todas estas malas artes y que me siento perseguida por ello, como en tiempos de barbarie y de Inquisición os aseguro que Mahoma no es un terrorista pero que ya está cansado de que le roben excusándose los ladrones por la gloria y por la paz, que tú y tus ideas y tu cuerpo sois uno y no tres, que mejor que escapen los orines por el baño y que las florecillas adornen jarrones y floreros, que anden sueltas por el campo o que sirvan de compañía a los muertos o a los enamorados que algún día dejarán de besarse, que la baraja se juegue al guiñote o al cinquillo, que los psicólogos se decidan por la ciencia o por las letras y que se la apliquen como curiosidad a los aburridos o cansados que quieran escuchar historias o parábolas, que los físicos se jubilen porque a nadie le va a interesar que el origen del universo es pura matemática, explosión o big-bang, que al fin y al cabo, es comprar sepultura sin transcendencia y que la historia de las artes y de las letras sea siempre enterrada en baúles para buscadores intrépidos y artistas sin escaparate y que los burros den coces al que se atreva a usurparles su trono porque aquí como en todas partes entre tontos anda el juego.