Huesca,
2011. Se dice mucho en contra de los concursos literarios y yo estoy
completamente de acuerdo. Aunque esta vez (para variar) les aseguro que
por mucho follón que se montara en Internet el concurso que convocó Casa
Eolo no estaba dado (de hecho como dice mi amigo David lo ganó una
simple portera que se llama igual que yo, o sea yo). He participado en
muchos concursos en busca de lo que todos los que estamos un poco
tocados del ala llamamos reconocimiento y que no es más que una
insaciable y terrible búsqueda de cariño que no llegará nunca por mucho
que nos esforcemos. Aquellos que no nos aman por instinto no nos amarán
jamás por una simple creación más o menos original o (por elección y
deseo propios) artística. Lo mejor de participar en el concurso fue el
apoyo de mis compañeros de trabajo y lo peor todo lo que se dijo en
contra de Casa Eolo y de lo que, con mucha ironía, se defendieron sus
promotores. Un truco: para ganar un concurso hay que abrir aunque sea
una última (y mínima) veta de esperanza. El relato se titula Los ojos de mi perro
y mi fuente de inspiración no fueron otros que los ojos tristones y
oceánicos del pequeño Hansel. A través de ellos pude divisar un
laberinto que me llevaba inexorablemente al fondo de mi conciencia.
Para leer el relato seguir este enlace (se puede comprar el relato en formato papel o bien descargarlo gratuitamente en formato PDF).
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